Muchas personas se sienten perdidas de alguna forma, aunque no lo sepan o quieran reconocer. Puede ser alguien sin un rumbo definido hacia donde quiere dirigir su vida, sin objetivos claros (no vale querer ser rico y tener salud) o sin el ánimo para hacer una tarea que les reportará beneficios a su futuro yo (incluso en casos cuando esa tarea es imprescindible como encontrar o mantener un trabajo). Los síntomas más prominentes de tal enfermedad (Living the Life of Others, LLO por sus siglas en inglés) son (i) la incapacidad absoluta de estar sentado totalmente solo pensando intencional y profundamente acerca de algo, y (ii) la fobia a estar aburrido.

Todos los problemas de la humanidad nacen de la incapacidad del hombre para sentarse tranquilo en una habitación consigo mismo.

– Blaise Pascal

Yo mismo me considero una de esas muchas personas, quizás no de las crónicas, pero sí creo que por ahí me encuentro: un poco perdido, siguiendo una brújula que tienen cada día un Norte distinto. Además, veo que las personas a mi alrededor, incluso aquellas de mi entorno más inmediato, también han perdido completamente su propósito, su voluntad, sus objetivos. Estoy seguro de que ellas serían más comprensivas conmigo, como estoy seguro de que pienso que yo no lo estoy haciendo tan mal cuando en realidad puede que sea el peor. Aún así no puedo dejar de decirme y decirles, aunque sólo sea telequinéticamente: ¡Levántate!, deja de ser condescendiente contigo mismo, deja de justificarte, identifica lo que quieres y trabaja por ello, deja las flaquezas a un lado, cultiva un carácter fuerte, cultiva entereza. Un poco cada día, no tiene que ser en una semana ni un mes. Lo mejor es que, por mucho que nos haya desviado la brújula defectuosa de la ruta inicial, con pequeños impulsos de voluntad y abstinencias a distracciones se puede ir día tras día construyendo ese carácter y esa fuerza que nos hagan retomar el control de nuestras vidas. Cuando ponemos intención y resolución en lo que hacemos, es como escalar un árbol gigante: por muchas ramas que diverjan siempre alcanzaremos la cima, solo tenemos que seguir la dirección correcta.

El que sirve para inventar excusas rara vez sirve para otra cosa.

– Benjamin Franklin

Todos estos pensamientos acerca de la dirección y objetivos de la vida parten de algún tiempo que he tenido conmigo mismo en estos días reflexionando sobre el tema, sumado a mi deseo siempre perenne de mejorar como persona. He llegado a la conclusión de que en mi caso la desmotivación viene principalmente de tres aristas:

  1. La falta de tiempo a solas conmigo mismo pensando, reflexionando, y estableciendo caminos nuevos que descubrir y tomar para dirigir mi vida.
  2. Las flaquezas de carácter, de compromiso conmigo mismo, de autocontrol y de disciplina, de resolución en las decisiones que tomé.
  3. El consumo desmesurado de información (casi toda absurdamente irrelevante) en redes sociales, mayormente Youtube.

Las tercera arista es en sí una consecuencia de las dos primeras, pero es interesante su análisis. Debido a la falta de disciplina y carácter, cuando lo que tengo que hacer supone cierto esfuerzo intelectual es más fácil y placentero (a muy, pero que muy, corto plazo) optar por la inyección de dopamina de un video; sobre todo si el mensaje de este es que “no te debes exigir tanto y que no hacer las cosas está bien… alguien algún día las hará, no se va a acabar el mundo por eso, tu mientras tanto mira mi otro video que te dejo por aquí”. Esto constituye una fuente pura de distracción que retroalimenta a las aristas uno y dos, pues cuando flaqueamos una vez generalmente entramos en una espiral de desmoralización y desorden. Piensa a cuántos videos o posts les dedicamos nuestra atención diariamente sin que estos nos brinden nada positivo a cambio, o muy poco en comparación con lo que no estamos haciendo por verlos. ¿A quién de las grandes personalidades de la humanidad le ha hecho falta (o servido de algo) la información dada en un video de Youtube o un post de Instagram? La respuesta es a ninguno, sencillamente porque dedican la mayor parte de su tiempo a pensar, planificar, escribir, actuar, socializar, etc., en los asuntos y círculos que les interesan, no a oír lo que otros que se han leído una noticia o han visto otro video digan que piensan.

Y si, es cierto que decir que no estás viviendo tu vida es algo con muchas interpretaciones, porque evidentemente hagas lo que hagas en tu espacio de tiempo terrenal es, por definición, tu vida. A lo que me refiero con esto es que lo que estás haciendo no es intencionado, no estás actuando, no estás al timón, simplemente estás reaccionando. Y no me refiero a que haya que ser 100% productivo el 100% del tiempo: es imposible, es tóxico (aunque muy beneficioso para la productividad de aquel que pudiera hacerlo). Tampoco hablo, nunca se me ocurriría, de que el trabajo 24/7 es la clave para el éxito y que todos los que tienen éxito es porque han trabajado más duro que los demás para ello, pues reconozco que los sucesos aleatorios y altamente improbables juegan un papel primordial en nuestras vidas: estar en el momento preciso en y el lugar adecuado es determinante para exponernos a Cisnes Negros positivos. Y mucho menos digo que hay que planear cada paso de nuestra vida futura y apegarse estrictamente a ello, pues en primer lugar es una utopía, y en segundo sería extremadamente aburrido saber qué es lo que va a suceder todo el tiempo sin espacio a sorpresas y emociones.

Al lo que me refiero cuando hablo del fenómeno LLO es, por ejemplo, cuando caemos en las garras malvadas de esos canales o influencers que se dedican a dar puntos de vistas sobre, y/o analizar, detalles minúsculos de ciertas situaciones. Podemos pasar días envueltos en discurso de odio y extremistas sin darnos cuenta, creyendo incluso que tienen razón y que saben de lo que hablan, por el simple hecho de que esa persona nos expuso un punto de vista de un “problema” que casi nunca nos ha afectado en la vida real ni a ellos tampoco, pero que nos indigna que pueda suceder y por tanto nos captura la atención. El rabbit hole en que entramos se hace interminable. Si algo tengo claro, sin embargo, es que ninguno de los “problemas” que se discuten en estos espacios se acercan remotamente al sufrimiento de las personas que pasan hambre, o los que pasan penurias a causa de las guerras, o de aquellos que viven el lugares contaminados por radiactividad y mueren tempranamente. No sé si lo hacen inconscientemente, pero la estrategia es siempre tomar un tema que hayan visto en algún otro lugar, que esté en tendencia de alguna forma, e identificar esos pequeños detalles y volteretas de las que puedan aprovecharse para “crear” contenido (i.e., generar indignación).

Por algún motivo olvidamos que el objetivo de la existencia de un influencer es simple y llanamente vendernos algo. Olvidamos que son los nuevos carteles de marketing, los más eficientes jamás creados. Sabemos que la vida que se dan, los lugares que visitan, los productos que recomiendan y los bienes que usan los están subvencionando con la atención que le prestas tú a sus publicaciones, esto cuando no se los han dado o prestado aquellos que intentan vendérnoslo. Básicamente, con nuestra atención les estamos haciendo donaciones de miles de dólares para que puedan vivir mejor y nosotros seguir viendo lo bien que les va (o con qué problema nuevo vienen —a indignarnos—, para “informarnos” de lo que pasa en la sociedad). Similarmente, una de las cosas más falsas que he visto en mi vida es cuando un artista, sobre todo cantantes latinos, agradecen a los fanáticos por haberlos hecho lo que son hoy y les dicen que los aman (literalmente): no creo haber oído palabras más vacías. Luego cuando bajan de la tarima salen corriendo hacia el carro con ventanas oscuras y se dan a la fuga antes de que algún fanático los profane con sus sucias manos.

Sin embargo, las redes sociales no son las culpables del problema (sería muy fácil), no son ellas las herramientas malévolas diseñadas por Reptilianos para atraer nuestra atención cual hipnotizadores, bueno quizás esto de atraer nuestra atención sí. Y esto lo afirmo conociéndolo de buena tinta, de haber vivido 25 años en Cuba sin redes sociales, y con problemas similares a los de las aristas uno y dos. En mi familia (y la mayoría de las otras) la red social era el noticiero que te decía todo lo que sucedía, y aún lo hace. Es increíble cómo las personas allí creen más en lo que les dicen por el sistema (des)informativo (único y subordinado al Estado) que lo que ven con sus propios ojos diariamente. Hace 5 años que no les venden una simple papa (patata), pero sí creen que los planes se han sobrecumplido pues lo dice el noticiero; creen que las cosas mejorarán y que esta medida o aquella ley nueva si acabará con cierto problema, cuando no han visto más que destrucción y atraso desde enero de 1959. Todo esto tiene una causa común: es mucho mas sencillo dejarse dirigir y asumir una realidad, que pensar y descubrirla por uno mismo.

Resolución y templanza son dos de los llamados 13 principios de Benjamin Franklin para el éxito. Si los unimos con tiempo para pensar y reflexionar empíricamente por nosotros mismos sobre lo que somos, nuestro alrededor y lo que queremos, no hay forma que podamos caer en la trampa de estar viviendo la vida de otros, es decir, cediéndoles nuestra voluntad, atención, sueños, tiempo y oportunidades a esos otros para que puedan ellos seguir satisfaciendo nuestros deseos de verlos a ellos cada vez más exitosos… hay gente que se siente feliz mientras gane un Grammy fulano o se compre una nueva casa mengano. ¿No crees que podríamos aspirar a algo más?

Tengo plena confianza en los resultados de un crecimiento paulatino pero constante. Una hora que le quitemos a las redes sociales o a cualquier otra distracción y la utilicemos para reflexionar acerca de nosotros y/o escribir cada día, hará al final de la semana una diferencia enorme. Luego, a final de mes la diferencia será más notable, y mayor aún al final de año. Sólo tenemos que ser lo suficientemente disciplinados para hacer algo productivo cada día, en el tiempo que antes utilizábamos para algo improductivo. La avalancha de resultados que esto generará será enorme. Una vez más, no se trata de ser productivo el 100% del tiempo (aunque si alguien puede sería ideal), se trata de dedicar el tiempo necesario para reflexionar y vivir una vida intencionada, nuestra, no sujeta a la de otros. Se trata de pensar por nosotros mismos, de no vivir pendientes de la vida de otros, ni de los pequeños problemas que algunos se inventan para darle sentido a su vida y luego quieren involucrarnos en ellos.

Creo que es imprescindible sentarse solo a reflexionar no simplemente qué es lo que quiero en el futuro, sino de qué tengo que huir, y por qué estoy dispuesto a sufrir (en el sentido de esforzarse, de realizar trabajo). Escribir las cosas, convertirlas en proyectos con tareas accionables, asignarles un tiempo en para hacerlas en el futuro, y ten la resolución de hacerlas. Esa es la clave. Nadie ha dicho que sea fácil, pero 10 minutos cada día es todo lo que se necesita para comenzar la avalancha. Cuando los resultados comiencen a mostrase, creo firmemente que sentirás más atracción hacia las tareas que te benefician y hacen crecer como persona, que a ver un video o un post de alguien en una red social. Se trata sencillamente de cambiar la fuente de consumo de dopamina para una que nos favorezca. ¡Manos a la obra!

¿Es el tiempo dinero?

Wouter Groeneveld, de Brain Baking, hace una argumentación acerca de por qué “El tiempo no es dinero” y de por qué dedicarle tiempo a ver una película o jugar un videojuego no es perderlo, sino refrescar nuestro cerebro para ser más creativos luego. Creo que esto es una de esas situaciones, aunque no creo que de las graves, de las de garras malvadas, en las que se le ha dado una voltereta a la situación y se ha planteado un punto de vista que justifica el ver películas o jugar videojuegos. No es que esté mal el punto de vista de Wouter, así es como él ha elegido emplear su tiempo. Si embargo, si Derek Sivers (el autor original del escrito que “indignó” a Wouter) emplea su tiempo en escribir su próximo libro, en algún punto muy probablemente ingresará más beneficios por el mismo espacio de tiempo que Wouter, pues ha creado un bien. Siempre que Derek tenga la capacidad y voluntad para hacer algo productivo mientras Wouter no, se demostrará que el tiempo, amigos míos, si es dinero. Pero no quiero extenderme mucho en este punto, pues a pesar de que ya lo hice, no quiero seguir dándole volteretas a un asunto que puede no interesarle al lector.

El caso es que no está mal ver algo en Youtube, una película, etc., el problema surge cuando esto pasa de ser algo esporádico a convertirse en el centro de nuestras vidas. No hay forma de que con una adicción como esta podamos dedicar tiempo a concentrarnos en nosotros mismos. Hay cosas más interesantes y fáciles que hacer ahí fuera que pensar sobre nosotros y lo que queremos. Hay quien se dejará guiar, aunque no lo quiera reconocer.

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