Últimamente he estado sin rumbo, en modo autómata, sin un objetivo hacia el cual dirigirme. Afortunadamente, creo haber encontrado la causa y cómo remediarlo.

La causa es que me he diluido en una rutina alrededor del trabajo de investigación que estoy desarrollando y que además, al estar demasiado inmiscuido en tareas básicas y muchas veces aisladas, he perdido la perspectiva de los objetivos iniciales del proyecto. Antes de comenzar el proyecto había escrito que es necesario no llegar a este punto, lograr ver siempre la importancia de las pequeñas y aburridas actividades para el objetivo final y tener siempre perspectiva. Sin embargo esto no es siempre fácil, menos cuando, como en la mayoría de los casos que conozco, estamos trabajando para lograr objetivos “artificiales” de otras personas. Es decir, generalmente, trabajamos para proyectos diseñados por supervisores y en la mayoría de los casos los proyectos no tienen una relevancia real, sino que existen por el mero placer que obtienen sus diseñadores de perseguir un objetivo. Me atrevo a decir que no he conocido un proyecto científico de investigación con impacto real, sino que la mayoría termina publicando unos cuantos artículos y ya está, a la basura. El objetivo de un científico moderno es publicar, no investigar.

Por estos motivos, ser un investigador que es contratado para desarrollar una pequeña parte de algún proyecto lleva consigo que en la mayoría de las ocasiones tu tarea es trabajar y obtener resultados para publicar cierto número de artículos. Muchos, sobre todo aquellos que quieren seguir su carrera en la ciencia, tienen también como objetivo publicar artículos y así alcanzar “prestigio”, de modo que se alinean sus intereses a la ciencia moderna y a los proyectos. Otros no tanto así, y es en este último grupo donde entro yo, en el grupo de los que publicar nos da absolutamente igual.

Una tarea que tengo que hacer en la actualidad es desarrollar ciertos cálculos que a pesar de que mis supervisores dicen que ça c’est enorme, y en realidad tienen algunas probabilidades de encontrar aplicaciones prácticas significativas, desde mi punto de vista simplemente no me interesa. La otra tarea es precisamente escribir un artículo basado en los resultados obtenidos para una tesis que defendí hace 6 mese, y este si es, indiscutiblemente, por el simple hecho de publicar. Entonces, como se puede deducir, pienso que el trabajo que estoy haciendo no tiene implicaciones reales nada más que publicar, y ya hemos hablado que publicar es tan importante para mi como que una manzana caiga de un árbol en el otro extremo del mundo: me da igual.

Entonces, ¿cómo llegar a una solución y salir del mal rato? Pues identificando en aquello que pudo influir y en lo que no, además de estableciendo objetivos claros de por qué estoy haciendo este trabajo.

Por la ciencia no es que trabajo, pues evidentemente nadie lo hace por la ciencia. Una prueba de esto es que si alguien realmente trabajase por la ciencia, entonces no le molestaría hacer una publicación y luego no incluirse entre los autores, regalársela a alguien más. —Pero es su trabajo, ¿cómo va a regalarlo a otro así sin más?— Podrías preguntarte. Bueno, déjame decirte que cuando invertimos meses e incluso años de trabajo en desarrollar una publicación, esta se la regalamos a una revista científica con todos los derechos de autor, al punto que incluso nosotros (los autores reales) no podemos acceder a ella sin pagar lo que esa revista esté cobrando por lo que ahora es su propiedad. Evidentemente la mayoría de los científicos trabajan para publicar y tener cierto estatus dentro de la “comunidad”, no por la ciencia en sí.

Yo en mi caso no tengo dudas de que esto lo hago como parte del macabro intercambio de tiempo por dinero. Para mi suerte, los dos meses que siguieron a la defensa de mi tesis los tuve libres, sin nada más que hacer que montar este blog, y pude identificar entonces que si algo no quiero hacer en los próximos 50 años (si soy tan afortunado de llegar a tanto) es seguir intercambiando mi tiempo por dinero.

Hacía algún tiempo había tropezado con el blog de Mr. Money Mustache, y a pesar de que lo había encontrado interesantísimo, e incluso quise poner en práctica muchas de las cosas que allí vi, no fui capaz de mantenerlas en el tiempo. ¿Por qué? Sencillo, pues porque no fui capaz de cambiar mi actitud.

Cuando te encuentras los puntos de vista compartidos por MMM como una revelación, cuando te identificas con su estilo y filosofía de vida, cuando te ves en el futuro con logros similares, es común querer aplicar lo aprendido e incluso tomar alguna que otra acción. Sin embargo, cuando se acaba el fin de semana en que leíste su blog y regresas el lunes a interactuar con el círculo de personas a tu alrededor, estos generalmente funcionan como un agujero negro que te atrae hacia tu estado inicial. —¿Cómo osas querer alejarte del centro y traer nuevas ideas a nuestro espacio?— De seguro ya para el jueves, en el proceso de ser consumido una vez más por las fuerzas oscuras del universo, los choques de asteroides, la radiación y las altas velocidades a las que somos sometidos nos habrán hecho desistir de aquello que el domingo nos parecía lo que queríamos ser.

Ahí está la clave: ser invulnerable a las fuerzas centrípetas de tu entorno. Tomar la vida con la actitud correcta.

Queda entonces definido mi objetivo: seguir intercambiando mi tiempo por dinero, y como regla general, siempre que se pueda, en labores donde ese tiempo sea malgastado lo menos posible. Luego alcanzar la soberanía económica, y poder dedicar mi tiempo a las cosas más básicas y fundamentales que satisfagan mis necesidades biológicas y sociales.

Evidentemente la ciencia actual es, aunque de lo único que conozco, un gran agujero negro que atrae a todo el que a sus alrededores se aproxime, y son pocos los que logran salir con alguna experiencia positiva de ella. De cualquier manera, como lo que va a hacer el cambio es la actitud que tomemos, he identificado que mis objetivos locales en este área no son sacar adelante el proyecto o escribir aquel artículo, sino hacer lo mínimo necesario que sea suficiente para cumplir con mis obligaciones, y así acercarme cada vez más al objetivo real que es lograr la independencia económica sufriendo lo menos posible en el proceso.

Fuera de lo mínimo necesario, si algo no pasa la regla Hell yeah or no, entonces no se hace.

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